lunes, 8 de octubre de 2007

El vientre del vacío


Aquella mañana las enfermeras habían decidido hacernos parir a todas, eran las 7 de la mañana. Me habían ingresado por la noche con la dilatación del cuello uterino muy avanzada, aún me faltaba una semana pero decidió llegar antes. A primera hora de la mañana habían roto la bolsa de las aguas con aquella aguja y me habían conectado a un gotero para acelerar el parto.

De pronto empezaron los dolores, fuertes, machacando mi cuerpo sin piedad y me doblé sobre mi misma. Las enfermeras corrieron hacia mi y ya en la camilla corrían por los pasillos llevándome a la sala de partos.

De nuevo ese potro y yo con las piernas abiertas y la comadrona urgando dentro de mi.
- Susana no hay tiempo para ponerte la epidural.

Miraba al techo, se había presentado de golpe, ni siquiera había tiempo para avisar a mi entonces pareja y me ví pariendo sola. Y fue entonces cuando mis entrañas se abrieron, sentí durante unos minutos como se quebraba mi cuerpo, el dolor seco y profundo me partía en canal de pies a cabeza y nació mi hijo.

Le oí llorar y me incorporé para cogerlo en mis brazos mientras la comadrona me cosía. Al cabo de unos minutos empecé a sangrar y más y más. La comadrona salió corriendo de la sala y en unos segundos empezó a entrar gente, no entendía sus caras pero yo estaba relajada, tranquila.

Las enfermeras me apretaban el vientre mientras se llevaban una tras otra bandejas de sangre coagulada, miré a mi izquierda y veía a mi hijo durmiendo tranquilo. Y lloré, estaba pasando algo pero no sabía qué.

- No conseguimos parar la hemorragia.

Apareció entonces aquel chico con unas bolsas negras en la mano.

- Tenemos que ponerte sangre, no paramos la hemorragia.

Y me di cuenta de que me estaba muriendo ¡Me moría sin darme cuenta! Y miré a mi bebé. No comprendí nada... Era un 22 de mayo, yo tenía 19 años. A las 9,25h nació él. A las 10:10h volvía yo a este mundo.

Tuvo final feliz. Es un poco bruto nacer ¿No?


(Foto) Óleo sobre tela, Vida y Vientre este óleo pertenece a la serie que estoy pintando "Aproximaciones al vacío fértil"

5 comentarios:

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Sí es duro nacer. El nacimiento es algo tiernamente salvaje (o salvajemente cierto)
Saludos

jbg1248 el blog de Alexis dijo...

Solo la mujer, puede describir un sentimiento tan sublime como es; dar la vida al nuevo ser, en la dureza de los momentos físicos, se sustenta la inconmensurable felicidad de sentirse madre, besooo

JuanJo dijo...

Como tantas cosas, ley de la Naturaleza.
Por mucho que nos empeñemos, aquí no hay igualdad hombre-mujer. Siempre estaremos en la desventaja de no alcanzar ese sentimiento y emoción de la vida que viene. Y aún con la ventaja de evitar el sufrimiento, creo que siempre estaremos en deuda.

Y si las cosas son así... ¿será que hay una sabiduría natural que da a cada uno su rol? .. bluf, casaría esto antropológicamente con nuestros orígenes animales...
No sé, no sé.

Susana dijo...

Sinceramente, si hubiera algún poder que me escuchara y pudiera hacerle le pediría compartir la experiencia con el padre.

Un vínculo etéreo desde la mente, que el hombre sintiera ese momento en comunión con la madre y el bebé.Vamos que vivierais un proceso psicosomático de embarazo sin barrigón.

¿Sería una paranoia?... Yo creo que muchos de vosotros firmarías hoy mismo por ello ;-))

Pero lo del dolor es una put...

raindrop dijo...

Naciste después de tu hijo.
(¡qué fuerte! ¿no?)
Otra vez el proceso vida-muerte-vida o muerte-vida-muerte...
Tú le das vida a tu hijo, él te da muerte primero y luego vida... Tal como lo cuentas es como si os parierais mutuamente.
Sigo pensando que es muy fuerte...

Sin embargo, creo que no he captado ni una pequeña parte de todo lo que dices. En estos casos sí que hay que estar en la propia piel para poder entender. Pero es imposible (disculpa el despiste, es natural).

Besos