viernes, 18 de febrero de 2011



Mientras mi hermano me prepara una copa ando pensando en escribir una post por aquí. Un momento "Ambrosio" que no suele ser habitual pero si grato. La última vez que hice un comentario sobre él, se paseaba delante de mí hacia el espejo con un variopinto surtido de sombreros, menuda historia la elección del gorro. En fin, empecé la semana pinchando los globos de San Valentín de la floristeria que hay abajo, y acabo la semana despidiendo a uno de mis rollos de este verano, un tío cojonudo que se va destinado al levante por motivos de trabajo.

Y así la rueda de las personas que voy conociendo se va situando en esferas nuevas, que grato sentarme en el portal de casa con unos cigarritos, una copa y recordar momentos de una historia, de un encuentro con una persona que me ha hecho feliz y que tardaré mucho en volver a ver. El abrazo de la despedida, tan largo y sincero, tan amoroso y lleno de los mejores deseos.

Al llegar a mi estrecha habitación se fundió la bombilla del techo y volví a ver esa oscuridad del rechazo padecido por otros abrazos.

La vida sigue, taxi lleveme a la felicidad...

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